San Rafael
Domingo 20 de Mayo de 2018

El Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810

En esta segunda entrega de los sucesos que dieron origen a la revolución, la autora describe las posturas enfrentadas en la asamblea convocada en el histórico Cabildo

Siempre se ha considerado que todos los días de la semana de mayo de 1810 fueron importantes, cuando en realidad ocurrieron hechos que no tuvieron mayor trascendencia. Sólo hay dos días en la semana en la que lo que pasó tuvo enorme gravitación en la historia: el Cabildo Abierto del 22 de mayo y el día 25 cuando se formó el primer gobierno patrio.

Una vez que el virrey dio a conocer a través de un bando la noticia de la disolución de la Junta de Sevilla y la caída de Cádiz, algo ya conocido por los criollos, estos decidieron llamar a Saavedra y Castelli, que se encontraban en las afueras de Buenos Aires, a que regresen para iniciar acciones.

Hacía mucho tiempo que los criollos se reunían en secreto ante la invasión napoleónica. En esos momentos el rey de España estaba preso y las juntas disueltas, no había gobierno, por consiguiente el virrey debía cesar en el cargo.

Los patriotas le pidieron al virrey la convocatoria a un Cabildo Abierto, que era la forma en que se solucionaban los problemas cuando eran muy serios. Se llamaba a los vecinos y entre todos deliberaban y buscaban la solución. En el Virreinato las clases sociales estaban muy divididas. La clase dominante eran los "vecinos", que eran españoles o hijos de españoles que tenían casa, negocios y propiedades. Le seguían los criollos, que tenían trabajos pero no públicos, y trataban de acceder a la clase superior. Más abajo se encontraba el pueblo formado por criollos sin dinero y gauchos; por debajo estaban los indios y mestizos; y el último escalón, pero muy numeroso, integrado por los esclavos: negros y mulatos.

El Virrey viendo que tenía al pueblo y al ejército en contra, autorizó que se llamara a un Cabildo Abierto. Se repartieron 450 invitaciones a los principales "vecinos" y se preparó al Cabildo para recibirlos. En las puertas que daban al exterior se colgaron grandes cortinas para detener al frío, que era mucho, ya que esa semana llovía sin interrupción.

Existía un grupo que se autodenominaba la "Legión Infernal" compuesto por alrededor de 600 hombres, dirigidos por French y Beruti Según cuentan, se habían apostado en las calles cercanas al Cabildo y solicitaban las tarjetas de invitación que luego eran entregadas a criollos que no habían sido invitados. También se dijo que sacaron tarjetas de la imprenta para repartirlas entre ellos, pero nada de esto está confirmado. Asistieron al cabildo abierto 251 personas, ya que muchos se excusaron por miedo a lo que podía pasar y no asistieron.

El 22 de mayo se reunió el Cabildo Abierto a partir de las 9 de la mañana. Inmediatamente se pudo notar la gran separación que existía entre españoles, que eran seguidores del rey y virrey, y los criollos, algunos muy revolucionarios, como Moreno, Belgrano y Castelli, y otros más moderados, pero todos deseaban que cesara el virrey en el mando. Los principales participantes del debate fueron: el Obispo Lué, español, quien dijo: "Mientras exista un español en América, ese español deberá gobernar las colonias".

A eso respondió Castelli, la voz cantante de la revolución: "Según la legislación, no habiendo rey, el poder regresa al pueblo, el verdadero soberano". Así fijó Castelli el principio de soberanía popular.

A continuación habló el fiscal Villota, español, quien dijo que "Buenos Aires sola no puede tomarse la atribución sin consultar primero a las provincias".

En un primer momento los criollos se sintieron desconcertados y cuentan que alguien le dio un empujón a Juan José Paso, quien hizo un paralelismo: "Cuando en una familia falta el padre quien toma las decisiones es el hermano mayor y en este momento de peligro esa función le cabe a Buenos Aires, inmediatamente se consultará a las provincias".

Todo lo dicho por los criollos era cierto y los españoles se quedaron sin más fundamento, por lo que se pasó a votación, que fue muy larga y tediosa, porque cada uno debía fundamentar su voto. Se extendió hasta las 12 de la noche y se dejó el escrutinio para el día siguiente. Todo lo que se habló durante ese día ha quedado escrito en actas, que se pueden leer en el Archivo General de la Nación, como también han quedado las cuentas de lo que se pagó en licores, chocolate y masitas para servirle a los presentes que pasaron el día entero en deliberaciones.

Esa noche todos se fueron a sus casas con la certeza de que el virrey había cesado en el mando.

Por María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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