San Rafael
Domingo 24 de Junio de 2018

Historia: Manuel Belgrano, una vida dedicada a la Patria

Se lo conoce por crear el pabellón nacional, pero también integró la Primer Junta, lideró el Ejército del Norte y fue diplomático

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en la ciudad de Buenos Aires el día 3 de junio de 1770. Sus padres fueron don Domingo Belgrano Peri, acaudalado comerciante de origen italiano, y María Josefa González, dama porteña. Su padre había nacido en Oneglia, un pueblito costero del norte de Italia, donde consideran a Manuel Belgrano como hijo de esa tierra y le han levantado un hermoso monumento. El gobierno italiano ha designado el día 3 de junio como Día del Inmigrante Italiano.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en Buenos Aires, donde siempre se destacó por su estudio y esmero. Luego el padre lo envió a España, exactamente a Salamanca y Valladolid, y estudió abogacía. En mérito a sus excelentes calificaciones el rey lo nombró secretario del recién creado Consulado de Buenos Aires, un cargo público para un criollo, el primero en ese orden.

Al regreso a Buenos Aires comenzó su trabajo y se preocupó mucho por la economía del Virreinato. Fue el primer economista en el país, defendió siempre la industria local. Escribió las Memorias del Consulado con todas las noticias de economía del Virreinato y creó la escuela de Matemáticas y de Náutica. Participó en la resistencia a las Invasiones Inglesas ingresando a un regimiento, lo que fue su primera experiencia militar.

Durante la Semana de Mayo tuvo activa participación y fue elegido como vocal de la Primera Junta. Siempre dispuesto a servir a su patria, aceptó viajar en comisión al Paraguay para hacerlos abrazar la causa revolucionaria. Tenía un pobre ejército, mal entrenado y peor armado, pero su voluntad lo llevó a obtener algunos triunfos. Finalmente fue derrotado, no así en la palabra, pues habló con los militares paraguayos y los convenció de los ideales revolucionarios, tal es así que al año siguiente Paraguay se independizó de España y de cualquier otro poder.

Al regreso de esta comisión, sin llegar a Buenos Aires le encomendaron que instalara unas baterías (serie de cañones para no dejar pasar a los barcos españoles) en la costa del río Paraná, frente a la ciudad de Rosario. Las llamó "Libertad" e "Independencia" y un 27 de febrero de 1812, cuando llegó el momento de inaugurar la primera, solicitó al Primer Triunvirato la autorización para colocar en el pecho de sus soldados un distintivo que les permitiera en la batalla saber quién era amigo o enemigo. El Triunvirato aceptó su pedido y que fueran los colores celeste y blanco usados por la Sociedad Patriótica, seguidora de Moreno.

El día que colocó en el pecho de sus soldados la escarapela azul-celeste y blanca en un rasgo de entusiasmo dijo: "Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer con los colores de la escarapela".

Le envió noticia al Triunvirato, que no aceptó la bandera creada por Belgrano, pero la respuesta no la recibió el prócer, pues ya lo habían enviado a hacerse cargo del Ejército del Norte después del desastre de Huaqui.

No era militar, pero leía todos los libros a su alcance para programar las batallas.

Al llegar a Jujuy hizo bendecir la bandera el 25 de mayo de 1812 y luego se la presentó a sus soldados que juraron "defenderla hasta morir".

En Jujuy se juró la bandera por primera vez, al saberlo el Triunvirato le envió una carta retándolo, creyendo que había desobedecido la orden de hacer desaparecer la bandera, pero él no había recibido esas cartas.

Cuando recibió la reprimenda contestó: "La haré desaparecer o la esconderé hasta el momento en que un gran triunfo me permita enarbolarla otra vez y como eso está lejos, se habrán olvidado de ella".

Siguieron las tristes horas del Éxodo Jujeño y luego el triunfo de Tucumán. Cuando perseguía a los españoles, al llegar al Río Pasaje, luego llamado Juramento, hizo jurar a sus tropas obediencia a la Asamblea del Año XIII y presentó la bandera, la que no se juró, porque ya lo estaba. La Asamblea tácitamente había aceptado la bandera, que desde ese momento comenzó a flamear y tuvo su bautismo de fuego en la batalla de Salta en febrero de 1813.

La bandera de Belgrano recién fue aceptada oficialmente por el Congreso de Tucumán. Belgrano fue reemplazado en el Norte por San Martín y se hicieron muy amigos. Luego fue enviado en misión diplomática a Inglaterra.

Al tiempo lo mandaron nuevamente al Norte, y a los pocos años debió regresar muy enfermo.

Belgrano, que había nacido en cuna de oro, le pagó a su médico con un reloj de oro que le habían regalado. Es que había entregado su fortuna a los ejércitos de la Patria. Falleció en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, cuando el país estaba muy convulsionado por las guerras civiles, por eso exclamó al morir: "Ay, Patria mía".

Por servir a la Patria no pudo casarse, pero tuvo dos hijos. Un varón, Pedro Rosas y Belgrano, que en principio fue inscripto como hijo de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, cuando en realidad era hijo de la hermana de Encarnación, de nombre Josefa, y de Belgrano. Su segunda hija, una niña, nació en Tucumán, hija de Dolores Helguera, con quien no alcanzó a casarse porque lo enviaron al Norte y se la encargó a su hermano, sacerdote en Tucumán.

Por María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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