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Lunes 28 de Mayo de 2018

La historia de los venezolanos que llegaron en busca de futuro

La familia Bravo huyó de su país por la grave crisis política. Los acogió una familia y hoy trabajan agradecidos por la ayuda y poder progresar

Cuando vivir se hace imposible, cuando cada día hay más chances de morir que de seguir viviendo, las puertas se van cerrando y no dejan otra opción que huir. Eso es lo que les pasó a la familia Bravo de Venezuela, quienes desde octubre viven y progresan en San Rafael.

Es que ellos, como otros miles en Venezuela, tuvieron que irse de allí ante la tremenda situación política. Y por un factor cada vez más presente en la vida diaria: la muerte violenta. Y gracias a su relación de amistad a distancia con una familia sanrafaelina que alguna vez conocieron en un aeropuerto y que les abrió su corazón, donde cabe ampliamente su casa, pudieron tener la opción de venir a San Rafael.

"Llegamos a San Rafael el 17 de octubre de 2017, nos recibió una familia que nos abrió las puertas de su hogar, no es fácil recibir a cuatro personas extrañas, se adaptaron y gracias a ellos tomamos la decisión de venirnos", contó a Canal 6 Alejandro Bravo, el padre de familia e informático de profesión.

"En San Rafael –dijo- se nos abrieron las puertas, todo el mundo asombrado de cómo una familia puede tomar la decisión de irse a otro país por una situación política".

Los Bravo tienen dos hijos, uno de ellos es Sara, de 17, que fue elocuente al describir la situación. "Es un cambio de vida total, cuando hacen la pregunta de "por qué viniste" se me hace extremadamente difícil contestar, toda mi vida he experimentado las razones por las que necesitaba irme; llegar a un país distinto donde esas razones que me hicieron venir ni se llegan a imaginar, porque es algo que no sucede, es impresionante".

Son conocidas las historias de la falta de alimentos básicos en Venezuela. Por eso Sara señaló que en San Rafael "me sorprende entrar al supermercado y encontrar una botella de aceite, que no tenga que colocar mi huella para comprarla, que no dependa del día de la semana, eso lo coloco en la balanza para decir que no extraño, pero obviamente sí extraño las amistades que dejé y que sé que no van a poder salir de allí, o los profesores que me han dado clase y tienen un sueldo mínimo que no llega ni a 3 dólares".

Antonieta, la madre, dijo que "estamos bendecidos por Dios, nos ha hecho tropezar con las personas adecuadas, comenzando con la familia que nos recibió, les estaré agradecida eternamente. Vinimos a ofrecer nuestras manos para este pueblo y las recibieron y estamos trabajando para mantener a nuestros hijos".

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